¿Dónde están las abejas en invierno? Estas son sus estrategias para sobrevivir al frío
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Ciencia, medioambiente, educación ambiental 20 de junio, 2026

¿Dónde están las abejas en invierno? Estas son sus estrategias para sobrevivir al frío

Con el inicio de los meses más fríos, los jardines parecen más silenciosos. Las flores escasean, las temperaturas bajan y las abejas desaparecen de nuestra vista. Basta una caminata por una plaza o un parque para preguntarse: ¿qué ocurre con ellas cuando llega el invierno?


Aunque parezca que la naturaleza entra en pausa, las abejas siguen atravesando uno de los momentos más importantes de su ciclo de vida. Algunas sobreviven gracias al trabajo colectivo de toda una colonia. Otras pasan meses ocultas bajo tierra o dentro de pequeños refugios naturales, esperando el momento exacto para volver a emerger.


La colmena se convierte en un organismo vivo

A diferencia de lo que muchas personas creen, las abejas melíferas –mejor conocida como abeja de miel–, no hibernan durante el invierno. La colonia permanece activa y debe enfrentar el desafío de sobrevivir varios meses con menos alimento disponible y temperaturas más bajas.

Para lograrlo, miles de abejas obreras forman un racimo compacto alrededor de la reina. Desde el exterior puede parecer un simple grupo de insectos agrupados, pero en realidad funciona como un sofisticado sistema de calefacción natural.

Las abejas ubicadas en el centro generan calor mediante el movimiento de sus músculos, mientras que las de la periferia actúan como una capa protectora frente al frío. A medida que pasan las horas, intercambian posiciones para distribuir el esfuerzo y mantener una temperatura adecuada dentro de la colmena.

Gracias a esta estrategia colectiva y a las reservas de miel acumuladas durante las estaciones más cálidas, la colonia puede mantenerse con vida hasta la llegada de la primavera.

Mientras unas se agrupan, otras buscan un escondite solitario

La historia es muy distinta para la mayoría de las abejas nativas de Chile.

A diferencia de la abeja melífera, muchas especies viven de forma solitaria. No forman grandes colonias ni cuentan con miles de compañeras para generar calor. Cada hembra construye su propio nido, deposita huevos junto a una reserva de alimento y deja que la siguiente generación continúe el ciclo.

Cuando llegan los meses fríos, estas futuras abejas entran en un estado de reposo conocido como diapausa. Dependiendo de la especie, pueden pasar el invierno como larvas, pupas o incluso como adultos protegidos dentro de sus refugios.

Durante semanas o meses permanecen ocultas bajo tierra, en cavidades de madera, tallos secos o pequeñas grietas naturales, esperando que regresen las temperaturas favorables y vuelvan a florecer las plantas de las que dependen.

En ciudades cada vez más densas, la existencia de jardines, corredores biológicos y espacios con vegetación nativa se vuelve especialmente relevante. Aunque durante el invierno parezcan vacíos, muchos de estos lugares funcionan como refugios temporales para los polinizadores que volverán a aparecer cuando regresen las flores.

Esperando la lluvia en el desierto

En las zonas áridas del norte de Chile, algunas especies llevan esta estrategia aún más lejos.

Muchas abejas del desierto pasan gran parte del año bajo tierra esperando las lluvias que darán origen al fenómeno del Desierto Florido. Solo cuando aparecen las flores emergen de manera sincronizada para alimentarse, reproducirse y completar su ciclo de vida.

Algunas incluso pueden permanecer enterradas durante más de un año si las condiciones no son las adecuadas, una extraordinaria adaptación a uno de los ambientes más extremos del país.

Aunque parezca una estación silenciosa, el invierno es un período decisivo para las abejas. Mientras unas trabajan juntas para conservar el calor de la colmena, otras esperan pacientemente bajo tierra el momento oportuno para regresar.

Por eso, cuando las primeras flores de primavera comienzan a abrirse, el despertar de las plantas da la bienvenida a una nueva generación de polinizadores que ha pasado meses preparándose para ese instante. La primavera, en realidad, comienza mucho antes de que podamos verla.


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