Reproducción de publicación del Museo de Historia Natural de Chile (MNHN)
Nuestras actividades afectan de manera negativa a los ecosistemas, modificando drásticamente el paisaje, agotando los recursos naturales o envenenando el suelo, el agua y el aire.
Los insectos no son la excepción, y recientes estudios indican que las poblaciones naturales están en un evidente declive, señalando como causas: la pérdida y fragmentación del hábitat, la contaminación, las especies invasoras, la sobreexplotación y el cambio climático.
Creando espacios para la vida
A pequeña escala podemos mitigar este problema creando los espacios necesarios para que los insectos y otros pequeños animales logren sobrevivir. Los jardines y huertos resultan excelentes lugares para dar asilo a la fauna local.
Si nuestro objetivo es proveer comida y refugio, tendremos que asegurarnos de elegir aquellas plantas que permitan el desarrollo de sus estados inmaduros (plantas hospederas) o que constituyan una fuente importante de néctar y polen.
Plantas recomendadas
Árboles nativos: Quillay, peumo, huingán y molle.
Arbustos: Malva de cerro, corontillo, matico, tupa, natre, oreganillo y chilco.
Herbáceas: Capachitos, maripositas, toronjilcillo, alstromerias y azulillos.
Hierbas aromáticas: Lavandas, salvias, orégano, menta, toronjil e hinojo.
Se sugiere que las plantas presenten abundantes flores pequeñas y que la floración se prolongue por varias semanas durante la temporada. Esto es especialmente importante para mantener insectos polinizadores.